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lunes, 19 de noviembre de 2012

Mi vida sería mas genial si mis sueños fuesen así (I).



Yendo en batimovil por el bajo, me doy cuenta que no tengo un batimovil y me quedo a pie. Camino varios metros y empiezo a cortar matorrales con un machete para terminar desembocando en un canal con pinta veneciana. del lado de enfrente de la calle (o del canal), veo una fábrica con varias chimeneas largando humo violeta, y un cartel en el frente que reza: “SAVENA & CO.”. A los costados, en tarimas de madera, bailan elefantes vestidos de marcha junto a prominentes modelos indias. Entorno los ojos y murmuro para mis adentros mm, sospechosamente extraño… mi apellido se escribe con b larga.”— Decido que seguramente será un error de los que hicieron el cartel y me subo a mi góndola para cruzar el canal, con tanta mala suerte que me detiene un policía —tiene una luz rota amigo— dice el Cobani veneciano. Efectivamente compruebo que tengo una luz rota, y con mas terror todavía, compruebo que me olvidé los documentos de la góndola en casa. Trato de sobornar al policía con billetes del monópoly que llevo en mi billetera y el hombre se enoja y me dice que podría ir preso por hacer eso. Finalmente me confisca mi bote y voy nadando hacia la orilla, ya buscaré mi vehículo por paseo Tablado mas tarde. 



   Entro a la fábrica y veo horrorizado un cuadro de lo mas espantoso; por bandas transportadoras, se van moviendo morcillas mientras máquinas de alta tecnología las comprueban con perfección milimétrica. Las que no pasan el test son eliminadas, mientras que las que son aprobadas, son enviadas a una cinta en donde una última máquina les escribe “Picasso” y luego, con un gesto cliché extremadamente italiano, junta sus robóticos “pulgar, índice y dedo corazón” para besarlos efusivamente al mismo tiempo que con un tirón los aleja de su boca de máquina que fue construida especialmente para eso. Yo me cuestiono si debería unirme al “activismo en defensa de los encurtidos” (ADE), pero luego recuerdo que soy el dueño de la fábrica y que no será conveniente para las ventas. Sigo mi recorrido y entro en un cuarto donde unos oompa loompa parecen estar practicando satanismo, pero después me doy cuenta que en realidad es el proceso de ensamblado morcillístico. Decido que no hay nada en el mundo con apariencia mas diabólica que el proceso de fabricación de las morcillas (si todavía no me creen, les dejo un lindo video que ilustra a la perfección el nacimiento de una morcilla).



   Les aconsejo que lo vean nuevamente porque es increíble; si llegasen a entrar los de CSI justo en ese momento, esa señora tendría muchos problemas para explicar por que está rellenando lo que parece ser un preservativo con tripas y sangre mientras escucha a Cristian Castro en guaraní.

   Como les decía; estos pseudo oompa loompas se me quedan mirando y uno amaga a decir “nos ha salvado estamos agradecidos” pero antes de que lo haga le pateo la cara y le tapo la boca con cinta de embalar. Mientras lo pongo boca abajo, junto todas sus manos y piernas en un manojo y las ato con una soga, los demás hacen una ronda alrededor nuestro y sacuden billetes y gritan entusiasmados. De repente, veo que de debajo de una mesa sobresale la punta de un papel. Me acerco, lo agarro y puedo ver que tengo en mis manos una tarjeta que dice “Avance hasta la salida”. No había terminado mis asuntos en la fábrica, pero ¿Quién soy yo para contradecir a una tarjeta extraña?, salgo al trote tropezándome con salchichas y chorizos desparramados por el suelo. Luego de veinte minutos llego a la salida de la ciudad, en donde mágicamente aparecen 200 monópolys en mi bolsillo, me quejo pero una voz en el aire me dice “el que depositó dólares recibirá monópolys”, así que me resigno y planeo comprar algún hotel. Me dirijo hacia paseo Tablado, pero antes de llegar, ya gasté la mayoría del dinero comprando barrios que me cruzo por ahí. Compro Paternal, Quilmes y Berazategui, y me sorprendo por la pujanza del país en donde cualquier ciudadano puede ser dueño de un barrio por $100. Camino un poco mas y veo pasar un sombrero que se arrastra penosamente y lo sigue un dedal que le pisa las solapas. Con gran empeño llego hasta “Avenida Pacífico” en donde decido quedarme en un hotel de lujo aunque en realidad no quería y tenga que hipotecar tres propiedades para costear mi estadía. Entro a mi habitación y sorprendentemente me recibe Scarlett Johansson que provocativa me llama a la cama. Me acerco rápidamente, pero antes de llegar, ella empieza a tener pequeñas arcadas y de su cuerpo empiezan a salir plumas; esto es suficiente para que yo me detenga. Ahí mismo donde me encuentro parado, saco un crucifijo y se lo muestro tras el grito “SAL DEMONIO”. Scarlett Johansson sigue teniendo arcadas que se convierten en cacareos cada vez mas fuertes. Todo se empieza a desvanecer. Ya borrosamente puedo ver como le sale un pico y aletea torpe y tristemente mientras plumas amarillas vuelan por todos lados.

***


   Me arrastro hacia el borde de la cama, agarro el celular con su horrible despertador de gallo y amago a tirarlo por la ventana, pero lo pienso mejor y decido simplemente apagar la alarma. Siento un dolor punzante en el muslo y de entre las sábanas agarro una pequeña carretilla de metal que anteriormente se encontraba clavada en mi cuádriceps.

   Me quedo meditando un rato y llego a la conclusión de que no soñé nada esa noche, ¿que se le va a hacer?. Si después de todo, yo nunca sueño.

Juan Sabena.
 




lunes, 9 de mayo de 2011

$0,70


…los pies se le resbalaban en la vereda, como si caminaran sobre nubes y estuvieran muy seguros de a donde querían ir. Venía caminando hace rato ya, pero estaba liviano como nunca. Reconoció la cuadra de su casa, los jardines y los perros de los vecinos, eso si que fue un alivio.
Cada vez andaba más a prisa, y sin tocarse ni revisar los bolsillos supo que tenía exactamente $2,20 en monedas. Tomó la mitad, que era lo que siempre le costaba el colectivo y de repente…se le cruza el vecino por delante
- El está subido a dos trenes – arranca a contarle - uno va para Retiro y el otro a Tigre, en algún momento la bola le tira y se tiene que bajar – hace un silencio y da una pitada de cigarrillo - ¿me entendés? Yo necesito que estemos todos en el mismo tren.
- Sisi claro
- El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos – el viejo escucha un auto y mira hacia atrás - chau nene mandale saludos a tu vieja…
            En el colectivo la máquina tenía un cartel que advertía:
“Sr. Pasajero: Solo acepta monedas de $0,70
La Compañía..”
            Claro, pensó, que imbécil que había sido en dejarlas en casa, siempre le pasaba lo mismo. Las monedas que tenia en el bolsillo solo servían para sacar dos pasajes y él viajaba solo, estaba enojado consigo mismo, era como tropezar dos veces con la misma piedra.
- Disculpe chofer, – el hombre, muy gordo por cierto, mantenía la vista fija en el camino - mire no tengo monedas de 70 ¿no me puede hacer la gauchada? tengo que llegar temprano, si o si, - el conductor no contestaba -  por favor yo siempre viajo por esta línea y nunca tuve problemas, es más usted me conoce, ¡míreme! – le toca el hombro al gordo, como para que lo observe, éste se sacude violentamente y se suelta - Además yo se que estuve mal pero no me quedó otra, puedo arreglarlo señor. – la gente detrás de él con sus monedas listas para pagar, se empezaba a impacientar e insultarlo - Si solo me dieran una oportunidad. Lo que pasa es que nadie me entiende, yo lo hice de buen corazón. – hablaba como hablan los que dudan de lo que ellos mismos afirman.
            La gente que estaba haciendo cola detrás de él se canso y finalmente lo pasó por arriba literalmente, lo aplastó. Sin embargo no se desesperó ni luchó por correrse. Como quien se siente aliviado por recibir una condena, quien se justifica lavando las copas después de romper los platos, se quedó mirando el cielo.
            Solo podía ver al vecino de antes, el de la charla. No sabía si habían pasado años o unos minutos desde aquél encuentro, le quedaba un hueco en el transcurso de su vida.  El hombre estaba bajando unas escaleras y tropezaba cada dos escalones, él lo llamaba y le gritaba, pero este parecía no escuchar...

Nico